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viernes, 7 de marzo de 2008

El alfiler de la virgen


Queridos amigos/as:
Me alegra informarle de que nuestra página ha llegado a superar las 150 visitas y esta cifra va aumentando. También me alegra informarles que desde la Asociación de Mª Auxiliadora y desde la casa salesiana de Utrera, primera de toda España han querido lanzar la campaña “El alfiler de la Virgen”. ¿Por qué? Desde hace muchos años todos los que formamos la casa salesiana de Utrera teníamos un sueño: “terminar de dorar el paso donde procesiona Mª Auxiliadora”. En esta ocasión estamos muy cerca de lograrlo y ese el objetivo de esta “original campaña”.

Cada “alfiler de la Virgen” ha sido bendecido y pasado por su Imagen. Queremos que este alfiler llegue a todos las personas de Utrera, a todos los antiguos alumnos, a todos los devotos de esta bendita imagen bendecida en su día por San Juan Bosco. Desde esta Iglesia del Carmen partió la devoción a Mª Auxiliadora por toda España.

Contamos contigo y lo vamos a conseguir. El próximo 24 de Mayo, Mª Auxiliadora saldrá en su tradicional paso y esta vez…¡más dorado que nunca!
Hemos puesto un valor simbólico a este alfiler: 1€ . Que cada alfiler de la Virgen llegue también a la persona que más lo necesite, esa es nuestra intención.

Esta campaña terminará el viernes 14 de Marzo.Si algunos de ustedes quisieráis alguno informadme en el correo electrónico miguelangelflorescaballero@gmail.com o en el blog: GRACIAS DE TODO CORAZÓN. CONTAMOS CONTIGO PARA HACER REALIDAD ESTE BONITO REGALO A LA MADRE DE DIOS

domingo, 17 de febrero de 2008

El sacramento de la Eucaristía


La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre, renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz.

Por otra parte, la recepción de Jesucristo sacramentado bajo las especies de pan y vino en la sagrada Comunión significa y verifica el alimento espiritual del alma. Y así, en cuanto que en ella se da la gracia invisible bajo especies visibles, guarda razón de sacramento.

Tiene razón de sacrificio en cuanto se ofrece, y de sacramento en cuanto se recibe.

La Eucaristía es el sacramento en el cual, bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

Es por eso, el más grande e importante de los sacramentos, de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

La Eucaristía fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento.

Salomón en el libro de los Proverbios: "La Sabiduría se edificó una casa con siete columnas (los siete sacramentos), preparó una mesa y envió a sus criados a decir: " Venid, comed el pan y bebed el vino que os he preparado". (Prov. 9,1).
El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios de la ley: "Desde donde sale el sol hasta el ocaso, grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece a mi nombre una oblación pura" (Mal. l,10ss).
La verdad de la presencia real, corporal y substancia de Jesús en la Eucaristía, fue profetizada por el mismo Señor antes de instituirla, durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm, al día siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. "Yo soy el pan de la vida, si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo os daré es mi carne, para la vida del mundo" (Jn.6,32-34, 51).

El signo externo del sacramento, son la materia (pan y vino) y las palabras de la consagración (forma).

Confiere la gracia, como afirma el mismo Cristo: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna".(Jn 6,54), o sea, la gracia, que es prenda de vida eterna.

Fue instituido por Jesucristo en la Ultima Cena, como consta repetidamente en la escritura: "Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y dándoselo a los discípulos, dijo: "Tomad y comed, esto ES mi cuerpo". Y tomando el cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: "Bebed de el todos, que esta ES mi sangre del Nuevo Testamento; que será derramada por muchos para remisión de los pecados". (Mt.26,26-28).

La materia para la confección de la Eucaristía es el pan de trigo y el vino de la vid. Esta es una verdad de fe definida en el Concilio de Trento.

El recibir la Eucaristía produce en el alma los siguientes efectos:

Aumento de la gracia santificante.
Producción de gracia sacramental.
Perdón de los pecados veniales.
Es prenda de vida eterna.
Sabemos que el único sacramento absolutamente indispensable para salvarse es el bautismo: si un niño recién bautizado muere, se salva, aunque no haya comulgado. Sin embargo, para un bautizado que ha llegado al uso de razón, la Eucaristía resulta también requisito indispensable, según las palabras de Jesucristo: "Si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida Eterna". ( Jn.6,53.

No sería razonable que un hombre alcanzara la salvación que es unión con Dios, sin tener en la tierra al menos el deseo de la Eucaristía, que es también unión con Dios.

La iglesia ordena en su tercer Mandamiento de La Santa Madre Iglesia, que al menos una vez al año y por Pascua de Resurrección, todo cristiano con uso de razón debe recibir la Eucaristía. También hay que comulgar cuando se está en peligro de muerte.

Esto es lo que la Iglesia nos sugiere como mínimo, ya que desea que se reciba al Señor con frecuencia, incluso diariamente.

Lo que se realiza, pues, en la Eucaristía es la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que es lo que llamamos la transubstanciación.

Bajo cada una de las especies sacramentales (pan y vino), y bajo cada una de sus partes cuando se fraccionan, está contenido Jesucristo entero, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Lo cual quiere decir que Cristo está presente hasta en una migajita de la hostia, por eso el sacerdote tiene mucho cuidado al dar la comunión de que no se caiga ningún pedacito al suelo.

A la Misa se le llama BANQUETE EUCARISTICO. ¿ Porqué se le ha dado este nombre de Banquete Eucarístico?

Jesús cuando hablaba del Reino de los Cielos lo comparaba con un banquete. Y su Ultima Cena que fuera como un banquete, como un festín, una comida entre amigos. Un banquete es una comida alegre. Se colocan los manteles mas bonitos, la mejor cristalería, luces y flores. Hay música y canciones. Los corazones están llenos de alegría. Así es la Misa.
Si hay un banquete es porque se celebra un acontecimiento importante. Por eso cada banquete es la celebración de un acontecimiento, en cada Misa se celebra el acontecimiento de nuestra salvación.
El banquete no lo hacemos solos. Nos encontramos con personas que llegan de otras partes, venidos de distintos sitios y condiciones, y allí nos sentimos unidos por nuestro común amor a Cristo y a su Iglesia. Sentimos comunión de unos para otros.
En un banquete nos alimentamos con manjares escogidos. En la Santa Misa Dios nos alimenta con el Pan bajado del cielo que es el cuerpo de Cristo, del cual dijo el mismo Jesús: "El que coma de este pan vivirá para siempre" (Jn 6).


¿ Es nuestra misa una fiesta? ¿Participamos en ella con alegría? ¿nos sentimos más hermanos en cada celebración? ¿Comemos el Pan Celestial comulgando? Sería muy triste que nos dijeran: "vengan a ver comer a los demás". Eso no sería un verdadero banquete para nosotros. Y si no comulgamos en la Misa nos quedaremos así: viendo comer a los demás mientras que nosotros seguimos desfallecidos de debilidad espiritual. Jesús dijo: "Tomad y comed" y no solamente " Tomad y mirad".

Quiere que nos alimentemos con su cuerpo en la Eucaristía. Nos preparemos lo mejor posible, pero no nos quedaremos sin comulgar.

¿ Qué responder a los que dicen: "yo no comulgo porque soy pecador?

San Francisco de Sales respondía así: Si eres débil debes comulgar para volverte fuerte. Si has pecado mucho te conviene comulgar (después de confesarte bien) para que la presencia de Jesucristo te traiga fuerzas para no seguir pecando tanto. Si te domina el mal genio, al recibir en la comunión al que es "manso y humilde de corazón", El te irá contagiando de su bondad y su buen genio. Si tienes inclinación a la impureza y al vicio, la presencia en tu alma de Cristo el Cordero Inmaculado que jamás tuvo la más mínima mancha de pecado, te irá dando fortaleza hacia todo lo que es impuro, y amor por la virtud. Si te vence el orgullo, Jesús que es humilde te irá haciendo semejante a El. No comulgas por que ya eres santo, sino porque deseas llegar a la santidad. Y sin comulgar no lo lograrías quizá jamás.

domingo, 20 de enero de 2008

Don Bosco


Juan Melchor era su verdadero nombre. Nació en 1815 en la diócesis de Turín. Era el menor de los hijos de un campesino. Su niñez fue muy dura. Su padre murió cuando Juan tenía apenas dos años y medio. La madre, Margarita, analfabeta y muy pobre, pero santa y trabajadora, que debió luchar mucho para sacar adelante a sus hijos, se hizo cargo de su educación.

A los nueve años de edad, tuvo un sueño que no olvidó nunca, le enseñó su vocación.

En aquel primer sueño, se vio rodeado de una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí; Juan Bosco trató de hacer la paz, primero con consejos y después con los puños. De pronto apareció Nuestro Señor y le dijo: "¡No, no; tienes que ganártelos con la mansedumbre y el amor!" Le indicó también que su Maestra sería la Santísima Virgen, quien al instante apareció y le dijo: "Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas". Cuando la Señora pronunció estas palabras los niños se convirtieron primero, en bestias y luego en ovejas.

El sueño terminó, pero desde aquel momento Juan Bosco comprendió que su vocación era ayudar a los niños pobres, y empezó inmediatamente a enseñar el catecismo y a llevar a la iglesia a los chicos de su pueblo.

Los muchachos de la calle lo llamaban: 'Ese es el Padre que siempre está alegre. El Padre de los cuentos bonitos'. Su sonrisa era de siempre. Nadie lo encontraba jamás de mal humor y nunca se le escuchaba una palabra dura o humillante. Hablar con él la primera vez era quedar ya de amigo suyo para toda la vida.

San José Cafasso, sacerdote de la parroquia cercana al seminario de Turín, le explicó Juan Bosco que Dios no quería que fuese a las misiones extranjeras: "Desempaca tus bártulos --le dijo--, y prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso y no otra cosa es lo que Dios quiere de ti".

Le sobrevino una pulmonía, cuyas complicaciones estuvieron a punto de costarle la vida. En cuanto se repuso, fue a vivir en unos cuartuchos miserables en compañía de su madre, y ahí se entregó, con toda el alma, a consolidar y extender su obra. Dio forma acabada a una escuela nocturna, y como el oratorio estaba lleno a reventar, abrió otros dos centros en otros barrios de Turín.

Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya treinta o cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre. Los chicos llamaban a la madre de Don Bosco "Mamá Margarita".

Se gana de tal manera el cariño de los jóvenes, que es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan amado como Don Bosco. Los jóvenes llegaban hasta pelear unos contra otros afirmando cada uno que a él lo amaba el santo más que a los demás.

Por otra parte, Don Bosco había tenido siempre la idea de fundar una congregación religiosa. En 1859, Don Bosco y sus veintidós compañeros decidieron organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó hasta quince años después. La nueva congregación creció rápidamente: en 1863 había treinta y nueve salesianos; a la muerte del fundador, eran ya 768, y en la actualidad se cuentan por millares.

El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes, entre ellas, Santa María Dominga Mazzarello, que fue la cofundadora, a las que el santo llamó Hijas de María Auxiliadora. La nueva comunidad emprendió, además de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza en Italia, Brasil, Argentina y otros países. "Hoy en día son dieciséis mil, en setenta y cinco países".

Pero sus días tocaban a su fin. Los médicos habían declarado que el santo estaba completamente agotado y que la única solución era el descanso; pero el reposo era desconocido para Don Bosco. A fines de 1887, sus fuerzas empezaron a decaer rápidamente; la muerte sobrevino el 31 de enero de 1888, cuando apenas comenzaba el día.

Su cuerpo permanece en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Sus últimas recomendaciones fueron: "Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas de Dios. Os espero en el Paraíso".

Cuarenta mil personas desfilaron ante su cadáver en la iglesia, y sus funerales fueron una especie de marcha triunfal, porque toda la ciudad de Turín salió a la calle durante tres días a honrar a Don Bosco por última vez.

Fueron tantos los milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco, que el Sumo Pontífice lo canonizó cuando apenas habían pasado cuarenta y seis años de su muerte (en 1934) y lo declaró "Padre y maestro de la juventud".

Yo no sabía nada sobre este santo, pero ahora que conozco su vida y su obra, creo que todos debemos admirar a este hombre por su esfuerzo y generosidad. Además creo que debería ser un ejemplo para todos nosotros, para que no seamos a veces tan egoístas. Por último, creo que el nombre de este colegio es el mejor que podía ponérsele, porque él dedicó toda su vida a enseñar a los niños pobres.

lunes, 7 de enero de 2008

En la Jornada Misionera Mundial de la Infancia




CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 enero 2008 (ZENIT.org).- En la solemnidad de la Epifanía, Jornada Misionera Mundial de la Infancia, el Papa ha dado las gracias a los miles de niños que responden a las carencias de otros niños del mundo y ayudan a la Iglesia en la evangelización.

Visiblemente contento en esta fiesta de los Reyes Magos, el Papa rezó el Ángelus acompañado de decenas de miles de fieles presentes en la plaza de San Pedro, bajo la lluvia. Al término de la oración, elogió la iniciativa misionera mundial emprendida, hace más de 160 años, por el obispo francés Charles de Forbin Janson.

De su mano -recordó el Santo Padre-- «la Infancia de Jesús se han convertido en el icono del compromiso de los niños cristianos que ayudan a la Iglesia en su tarea de evangelización con la oración, el sacrificio y los gestos de solidaridad».

«Miles de niños salen al encuentro de las necesidades de otros niños --aplaudió--, impulsados por el amor que el Hijo de Dios, habiéndose hecho niño, trajo a la tierra».

«Doy las gracias a estos pequeños y ruego para que sean siempre misioneros del Evangelio», expresó Benedicto XVI.

Y dirigió igualmente su agradecimiento a cuantos animan a estos pequeños acompañándoles «por el camino de la generosidad, de la fraternidad, de la fe gozosa que genera esperanza».

Encargada de la animación internacional de esta labor con los niños, Sor María Teresa Crescini -superiora general de las Maestras Pías Venerini- confirma a Zenit, con ocasión de la Jornada, que los pequeños «consiguen financiar actualmente tres mil proyectos de solidaridad con su dinero, con sus pequeños sacrificios».

La Pontificia Obra de la Infancia Misionera -también conocida como Obra de la Santa Infancia--, cuyas raíces están en la iniciativa del obispo de Nancy en 1843, depende de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos.

Se orienta a formar a los chavales en el espíritu misionero, abriéndoles a las necesidades de sus coetáneos en los países de misión mediante el ofrecimiento de la oración y de la ayuda material.

«La Jornada Misionera Mundial de la Infancia fue instituida por el Papa Pío XII con Carta Apostólica del 4 diciembre 1950», si bien esta movilización «en Europa sobre todo se celebraba desde los primeros años de la fundación de la Obra de la Santa Infancia», explica Sor Maria Teresa Crescini a Zenit.

«La sensibilización de los niños tenía lugar en las parroquias, en las diócesis, partiendo del lema "los niños ayudan a los niños", esto es, los sacrificios y la oración de los niños del mundo debían llegar a salvar a muchos niños pobres, sobre todo los niños que carecen del Evangelio», subraya.

La labor se traduce actualmente en «una implicación de los niños cristianos de 110 países del mundo donde actualmente la Obra de la Santa Infancia está presente», confirma.

«Ya desde los primeros años -recuerda la religiosa-- los obispos de China escribían a los niños [de la Santa Infancia] de Europa y de los Estados Unidos cartas de agradecimiento, porque los pequeños sabían desarrollar una gran misión hacia los niños del mundo».

«Niños misioneros en todo el mundo» es el lema este año de la Jornada, cuyo marco siempre es el día de Reyes.

La Pontificia Obra de la Infancia Misionera, en la preparación de esta celebración, ha hecho hincapié en que los niños misioneros, testimoniando la alegría de la amistad con Jesús, pueden ser un signo entre sus amigos e iluminar los caminos que llevan al encuentro con el Señor, igual que los Reyes Magos fueron guiados por la estrella a Belén.

Con un itinerario formativo, la Obra de la Santa Infancia ha ayudado a los pequeños a tomar conciencia de su vocación cristiana y del sentido de responsabilidad y de solidaridad. En la celebración eucarística de este domingo están ofreciendo sus donativos.

Niños evangelizados y evangelizadores

«El último momento bello de la Santa Infancia ha sido el Congreso de Dubrovnik, en Croacia», comparte Sor Maria Teresa Crescini con Zenit, aludiendo al sexto encuentro -es bianual- celebrado el pasado noviembre para los países del Mediterráneo y del este europeo.

Estuvieron representados 19 países en un momento en que los directores de la Santa Infancia mostraron todas sus actividades.

Acudieron «España, Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Inglaterra y Malta», apunta la religiosa sin ánimo de exhaustividad; «también estaban presentes los países del este de Europa donde la Santa Infancia está convirtiéndose en algo verdaderamente vivo, bello», tales como «Polonia, Croacia, la República Checa, Rusia».

«Este año participaron igualmente Siria, Turquía, Líbano, Palestina, Egipto», «o sea, los países que tienen conflictos, países del África mediterránea, que trabajan con los niños por un proceso de paz, y esto es muy bello», reconoció.

Y es que «el encuentro de Dubrovnik nos ha permito entender que debemos insistir en la evangelización de los niños, porque --concluye-- los niños son la mediación de los valores evangélicos en un mundo que tiene necesidad de paz y de solidaridad».

domingo, 30 de diciembre de 2007

Cristo


El Papa al mundo: «Cristo viene a traernos la paz»

Llamamiento en su Mensaje de Navidad




CIUDAD DEL VATICANO, martes, 25 diciembre 2007 (ZENIT.org).- El «mensaje de paz» que trae Jesús al mundo «es para todos»: «viene para ofrecerse a sí mismo a todos como esperanza segura de salvación», anuncia Benedicto XVI en su mensaje de Navidad.

Antes de impartir la Bendición «Urbi et Orbi» --a la ciudad de Roma y al mundo entero--, el Papa dirigió a mediodía de esta Navidad su tradicional mensaje navideño, acompañándolo de su felicitación, este año en 63 idiomas con la inclusión del guaraní, propio de la región amazónica. Noventa emisoras de televisión de unos sesenta países transmitieron en directo el momento de fe y fiesta.

Desde el balcón central de la basílica vaticana -donde horas antes presidió la Misa de Nochebuena--, el Santo Padre saludó a los fieles y peregrinos que colmaron la plaza de San Pedro bajo un sol radiante.

Acogido entre aplausos, cantos, y con los himnos del Vaticano y de la República Italiana, Benedicto XVI manifestó y compartió su alegría por la solemnidad de la Natividad del Señor, tercera que celebra como pontífice.

«Nos ha amanecido un día sagrado», «un día de gran esperanza: hoy el Salvador de la humanidad ha nacido», dijo, iniciando su mensaje de Navidad.

«Cuando Jesús nació en la gruta de Belén, una "gran luz" apareció sobre la tierra», «se encendió para cada hombre una luz espléndida e imperecedera; ha venido al mundo la gran esperanza portadora de felicidad», porque -añadió el Papa, citando al evangelista Juan-- "el Verbo se hizo carne y nosotros hemos visto su gloria"».

«Dios es luz -afirma san Juan- y en él no hay tinieblas»; por eso, «cuando Jesús nació de la Virgen María, la Luz misma vino al mundo», porque «en Jesús, Dios asumió lo que no era, permaneciendo en lo que era», «el creador del hombre se hizo hombre para traer al mundo la paz», explicó el Papa.

«Acontecimiento histórico y misterio de amor»: así describió Benedicto XVI el misterio de «Dios que en Belén se ha hecho uno de nosotros». Y como «sólo la "gran" luz que aparece en Cristo puede dar a los hombres la "verdadera" paz», «cada generación está llamada a acogerla», subrayó.

Para ello se necesita fe, se necesita humildad, como la de «María --señaló--, que ha creído en la palabra del Señor», o la de José, «hombre justo, que tuvo la valentía de la fe y prefirió obedecer a Dios antes que proteger su propia reputación», o la de «los pobres y anónimos pastores, que acogieron el anuncio del mensajero celestial y se apresuraron a ir a la gruta, donde encontraron al niño recién nacido y, llenos de asombro, lo adoraron alabando a Dios».

Y es que son «los pequeños, los pobres en espíritu», «los protagonistas de la Navidad, tanto ayer como hoy -reconoció el Santo Padre--; los protagonistas de siempre de la historia de Dios, los constructores incansables de su Reino de justicia, de amor y de paz.

«Hombres y mujeres de hoy -interpeló Benedicto XVI--, Cristo viene a traernos la luz también a nosotros», «a darnos la paz».

Pero «¿quién tiene tiempo para escuchar su palabra y dejarse envolver por su amor fascinante?», advirtió, porque el mensaje de paz de Cristo «es para todos», Él «viene para ofrecerse a sí mismo a todos como esperanza segura de salvación».

Navidad, «fiesta cristiana» de testimonio

«Dar testimonio de los valores de la vida, de la familia, del amor y de la paz»: es el deseo que el Santo Padre confía que despierte en los corazones el misterio de la Encarnación y del Nacimiento de Cristo, porque precisamente es lo que evocan.

En su saludo en italiano, con el que inició las felicitaciones navideñas al mundo entero, Benedicto XVI se dirigió en particular a los romanos -de los que es obispo- y a toda la nación.

«Navidad es fiesta cristiana que forma parte del patrimonio espiritual de nuestras comunidades», recordó, invitando al país a conservar «esta herencia cultural y religiosa para construir un futuro de esperanza».

martes, 25 de diciembre de 2007

Navidad

Queridos hermanos y hermanas:

Sólo un día separa a este cuarto domingo de Adviento de la santa Navidad. Mañana por la noche nos reuniremos para celebrar el gran misterio del amor que nunca termina de sorprendernos. Dios se hizo hijo del hombre para que nos convirtiéramos en hijos de Dios. Durante el Adviento, del corazón de la Iglesia se ha elevado con frecuencia una imploración: «Ven, Señor, a visitarnos con tu paz, que tu presencia nos llene de alegría».

La misión evangelizadora de la Iglesia es la respuesta al grito «ven, Señor Jesús», que atraviesa toda la historia de la salvación y que sigue alzándose de los labios de los creyentes. «Ven, Señor, a transformar nuestros corazones para que en el mundo se difundan la justicia y la paz».

Esto es lo que pretende señalar la Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe. El documento quiere recordar a todos los cristianos, en una situación en la que con frecuencia ya no les queda claro ni siquiera a muchos fieles la razón misma de la evangelización, que la acogida de la Buena Nueva en la fe lleva de por sí a comunicar la salvación recibida como un don.

De hecho, la verdad que salva la vida, que se hizo carne en Jesús, enciende el corazón de quien la recibe con un amor al prójimo que mueve la libertad para devolver lo que se ha recibido gratuitamente. Ser alcanzados por la presencia de Dios, que se hace como uno de nosotros en Navidad, es un don inestimable, un don capaz de hacernos vivir el abrazo universal de los amigos de Dios, en esa red de amistad con Cristo que une el cielo y la tierra, que orienta la libertad humana hacia su cumplimiento y que, si es vivida en su verdad, florece con un amor gratuito y lleno de atención por el bien de todos los hombres.

No hay nada más hermoso, urgente e importante que volver a dar gratuitamente a los hombres lo que hemos recibido gratuitamente de Dios.

No hay nada que nos pueda eximir o dispensar de este exigente y fascinante compromiso. La alegría de la Navidad que ya experimentamos, al llenarnos de esperanza, nos empuja al mismo tiempo a anunciar a todos la presencia de Dios en medio de nosotros.

La Virgen María es modelo incomparable de evangelización, pues no comunicó al mundo una idea, sino el mismo Jesús, el Verbo encarnado. Invoquémosla con confianza para que la Iglesia anuncie también a nuestro tiempo a Cristo Salvador.

Cada cristiano y cada comunidad experimentan la alegría de compartir con los demás la buena noticia de que Dios amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo unigénito para que el mundo se salve por medio de Él. Este es el auténtico sentido de la Navidad, que siempre tenemos que redescubrir y vivir intensamente.

[Después del Ángelus, el Santo Padre saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano, dijo:]

Dirijo mi cordial saludo a los trabajadores del diario vaticano «L'Osservatore Romano» que esta mañana, en la Plaza de San Pedro, proponen una iniciativa de solidaridad a favor de los niños de Uganda. Al expresar mi aprecio por la especial atención que «L'Osservatore Romano» presta a las emergencias humanitarias en todas las partes del mundo, alabo el hecho de que esta labor esté apoyada también con gestos concretos como éste al que deseó pleno éxito.


Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, aquí presentes y a cuantos participan en el rezo del Ángelus a través de la radio y de la televisión. Preparaos con fervor para celebrar el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, abrid vuestros corazones al Señor que ya llega, poniéndonos al servicio de todos, especialmente de los más necesitados. Feliz domingo.


domingo, 23 de diciembre de 2007

Los Reyes Magos


Es cierto que ultimamente se ve mucho más al famoso Santa Claus en las ventanas y balcones de las casas de nuestros pueblos y ciudades que los también conocidos Reyes Magos ya que la publicidad de empresas como Coca-Cola, Suchard,etc. prefieren a este Santo. Nosotros como cristianos debemos oponernos totalmente a este hecho para que no se pierda la tradición cultural y religiosa que hay desde hace muchos siglos, desde la ofrenda que estas inigualables personas le hicieron a el Mesías. Ultimamente también se está perdiendo la costumbre de colocar una imagen del Niño Jesús en los balcones como nuestros pasados hacían antiguamente.

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