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domingo, 6 de abril de 2008

Benedicto XVI: el Pan y la Palabra, no ideas humanas, nutren la fe


Intervención con motivo del Regina Caeli



CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 abril 2008.- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este domingo al rezar la oración mariana del Regina Caeli junto a miles de peregrinos en la plaza de San Pedro en el Vaticano.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este domingo --tercero de Pascua-- presenta el célebre relato de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35). En él se cuenta de dos seguidores de Cristo quienes, el día después del sábado, esto es, el tercero después de su muerte, tristes y abatidos dejaron Jerusalén en dirección a una aldea a poca distancia, llamada precisamente Emaús. En el camino se les acercó Jesús Resucitado, pero no le reconocieron. Viéndoles desalentados, les explicó, según las Escrituras, que el Mesías debía padecer y morir para alcanzar su gloria. Después entró con ellos en casa, se sentó a la mesa, bendijo el pan y lo partió, y en ese momento le reconocieron, pero Él desapareció de su vista, dejándoles maravillados ante ese pan partido, nuevo signo de su presencia. E inmediatamente los dos regresaron a Jerusalén y contaron lo sucedido a los otros discípulos.

La localidad de Emaús no ha sido identificada con certeza. Hay varias hipótesis, cosa no exenta de una sugerencia, porque nos permite pensar que Emaús representa en realidad todo lugar: el camino que conduce allí es el camino de todo cristiano; es más, el camino de cada hombre. En nuestros caminos Jesús Resucitado se hace compañero de viaje para encender en nuestros corazones el calor de la fe y de la esperanza y partir el pan de la vida eterna. En la conversación de los discípulos con el desconocido viajero impacta la expresión que el evangelista Lucas pone en boca de uno de ellos: «Nosotros esperábamos...» (24,21). Este verbo en pasado lo dice todo: hemos creído, hemos seguido, hemos esperado..., pero ya todo ha terminado. También Jesús de Nazaret, que se había demostrado profeta poderoso en obras y en palabras, ha fracasado, y nos hemos quedado desilusionados. Esta drama de los discípulos de Emaús aparece como un reflejo de la situación de muchos cristianos de nuestro tiempo. Parece que la esperanza de la fe ha fracasado. La propia fe entra en crisis, a causa de experiencias negativas que nos hacen sentir abandonados por el Señor. Pero este camino de Emaús en el que estamos puede convertirse entonces en camino de purificación y maduración de nuestra fe en Dios; también hoy podemos entrar en diálogo con Jesús, escuchando su Palabra; también hoy parte el pan para nosotros y se nos da a Sí mismo como nuestro pan. Y así el encuentro con Cristo Resucitado, que es posible también hoy, nos da una fe más profunda y auténtica, templada, por así decirlo, a través del fuego del acontecimiento pascual; una fe robusta porque se nutre no de ideas humanas, sino de la Palabra de Dios y de su presencia real en la Eucaristía.

Este estupendo texto evangélico contiene ya la estructura de la Santa Misa: en la primera parte la escucha de la Palabra a través de las Sagradas Escrituras; en la segunda la liturgia eucarística y la comunión con Cristo presente en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Alimentándose en esta doble mesa, la Iglesia se edifica incesantemente y se renueva cada día en la fe, en la esperanza y en la caridad. Por intercesión de María Santísima oremos para que cada cristiano y cada comunidad, reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús, redescubra la gracia del encuentro transformador con el Señor Resucitado.

[Al final de la oración mariana, el Papa saludó a los peregrinos en seis idiomas. Entre sus saludos en italiano, dijo:]

Ha concluido esta mañana, con la celebración eucarística en la Basílica de San Pedro, el primer Congreso mundial sobre la Divina Misericordia. Doy las gracias a los organizadores, en especial al Vicariato de Roma, y a todos los participantes dirijo mi cordial saludo, que ahora se transforma en una consigna: id y sed testigos de la misericordia de Dios, fuente de esperanza para cada hombre y para el mundo entero. ¡Que el Señor Resucitado esté siempre con vosotros!

Saludo a los numerosos miembros del Movimiento de los Focolares comprometidos como catequistas en las parroquias, llegados de muchos países del mundo, y deseo todo bien para el servicio que prestan en la en la difusión y en la acogida de la Palabra de Dios.

[En español:]

Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular al grupo del Instituto Sofía Casanova de Ferrol. Que la alegría de Cristo Resucitado colme vuestro corazón de serenidad en el camino de la vida y os aliente a orar, a escuchar con fervor su Palabra, a participar dignamente en los Sacramentos y a dar testimonio del Evangelio con valentía en toda circunstancia. Feliz Domingo a todos.

domingo, 23 de marzo de 2008

Cristo resucitado cura las llagas de la humanidad, dice el Papa en Pascua


Alienta soluciones para superar los conflictos en Darfur, Tierra Santa, Irak y el Tíbet


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008.- Benedicto XVI aseguró, en este Domingo de Pascua, que Cristo resucitado viene a curar las llagas «abiertas y dolientes» de la humanidad, y alentó soluciones de paz para Darfur, Tierra Santa, Irak, el Líbano y el Tíbet.

«Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor», deploró en su mensaje de felicitación pascual.

Escuchaban las palabras del Papa decenas de miles de peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano que afrontaron con la ayuda de paraguas una torrencial lluvia, que no se detuvo desde que comenzó de la misa del Domingo de Resurrección.

«Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas», afirmó el Papa que pronunció su felicitación en 63 idiomas (en este año, añadió el guaraní, lengua hablada en Paraguay, así como en zonas de Argentina, Brasil y Bolivia).

«Llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros» y que «esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor».

Estos cristianos, dijo, «se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada».

Al pronunciar estas palabras el Papa pensaba en particular «en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz».

«La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte --dijo--. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre».

En total, 102 canales de televisión de todo el mundo transmitieron en directo la ceremonia en 67 países distintos de los cinco continentes, según informó la Oficina de Información del Vaticano.

En la tarde, el Papa tenía previsto trasladarse a la residencia pontificia de Castel Gandolfo para descansar algo tras las exigentes celebraciones de la Semana Santa.

domingo, 9 de marzo de 2008

Benedicto XVI: «Cristo, Señor de la vida y de la muerte»


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 9 marzo 2008.- Publicamos la intervención de Benedicto XVI al rezar este domingo la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro itinerario de Cuaresma hemos llegado al quinto domingo, caracterizado por el Evangelio de la resurrección de Lázaro (Juan 11, 1-45). Se trata del último gran «signo» realizado por Jesús, tras el cual los sumos sacerdotes reunieron al Sanedrín y decidieron matar incluso al mismo Lázaro, que era la prueba viviente de la divinidad de Cristo, Señor de la vida y de la muerte.

En realidad, esta página del Evangelio muestra a Jesús como verdadero Hombre y verdadero Dios. Ante todo, el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con las hermanas Marta y María. Subraya que Jesús les amaba (Cf. Juan 11, 5), y por este motivo quiso realizar el gran prodigio. «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle» (Juan 11, 11), dijo a sus discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la ve como un sueño, del que se puede despertar. Jesús demostró un poder absoluto ante esta muerte: puede verse cuando devolvió la vida al joven hijo de la viuda de Naím (Cf. Lucas 7, 11-17) y a la niña de doce años (Cf. Marcos 5, 35-43). De ella dijo precisamente: «No ha muerto; está dormida» (Marcos 5,39), provocando burlas entre los presentes. Pero es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.

Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar sincera "com-pasión" por el dolor de la lejanía. Viendo llorar a Marta y María y a cuantos habían venido a consolarle, también Jesús «se conmovió interiormente, se turbó» y «se echó a llorar» (Juan 11, 33.35). El corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y Hombre se han encontrado perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación del Dios que es amor, misericordia, ternura paterna y maternal, del Dios que es Vida. Por este motivo declaró solemnemente a Marta: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás». Y añadió: «¿Crees esto?» (Juan 11, 25-26).

Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente nos supera, supera nuestra capacidad de comprensión y nos pide que nos encomendemos a Él como él se encomendó a su Padre.

La respuesta de Marta es ejemplar: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (Juan 11, 27). Sí, ¡Señor! Nosotros también creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en Ti, porque Tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en Ti, que nos das una esperanza confiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y llena en tu Reino de luz y de paz.

Encomendamos nuestra oración a María Santísima. Que su intercesión refuerce nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús, especialmente en los momentos de mayor prueba y dificultad.

[Al final del Ángelus, el Papa saludó en varios idiomas a los peregrinos. En italiano, dijo:]

En días pasados, la violencia y el horror han ensangrentado nuevamente Tierra Santa, alimentando una espiral de destrucción y de muerte que parece no acabar. Mientras os invito a pedir con insistencia al Señor omnipotente el don de la paz para esa región, deseo encomendar a su misericordia a las numerosas víctimas y expresar solidaridad a las familias y a los heridos.

Aliento, además, a las autoridades israelíes y palestinas en su propósito de seguir construyendo, a través de la negociación, un futuro pacífico y justo para sus pueblos y a todos les pido, en nombre de Dios, que dejen los caminos tortuosos del odio y de la venganza y que recorran responsablemente caminos de diálogo y confianza.

Este es también mi auspicio para Irak, mientras seguimos con trepidación la suerte de monseñor Rahho, y de tantos iraquíes que siguen sufriendo una violencia ciega y absurda, ciertamente contraria a la voluntad de Dios.

El jueves próximo, 13 de marzo, a las 17,30, presidiré en la Basílica de San Pedro una liturgia penitencial para los jóvenes de la diócesis de Roma. Será un momento intenso de preparación para la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, que celebraremos el Domingo de Ramos y que culminará en julio próximo con el gran encuentro de Sydney. Queridos jóvenes de Roma: ¡os invito a todos a esta cita con la Misericordia de Dios! A los sacerdotes y a los responsables les recomiendo que promuevan la participación de los jóvenes con las palabras del apóstol Pablo: «Somos embajadores de Cristo... ¡reconciliaos con Dios!» (2 Corintios 5,20).

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria La Poveda de Arganda del Rey (Madrid). En este quinto Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a contemplar a Cristo, siempre compasivo con los tristes y afligidos, y a vivir de aquel mismo amor que lo movió a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Muchas gracias.

viernes, 7 de marzo de 2008

El alfiler de la virgen


Queridos amigos/as:
Me alegra informarle de que nuestra página ha llegado a superar las 150 visitas y esta cifra va aumentando. También me alegra informarles que desde la Asociación de Mª Auxiliadora y desde la casa salesiana de Utrera, primera de toda España han querido lanzar la campaña “El alfiler de la Virgen”. ¿Por qué? Desde hace muchos años todos los que formamos la casa salesiana de Utrera teníamos un sueño: “terminar de dorar el paso donde procesiona Mª Auxiliadora”. En esta ocasión estamos muy cerca de lograrlo y ese el objetivo de esta “original campaña”.

Cada “alfiler de la Virgen” ha sido bendecido y pasado por su Imagen. Queremos que este alfiler llegue a todos las personas de Utrera, a todos los antiguos alumnos, a todos los devotos de esta bendita imagen bendecida en su día por San Juan Bosco. Desde esta Iglesia del Carmen partió la devoción a Mª Auxiliadora por toda España.

Contamos contigo y lo vamos a conseguir. El próximo 24 de Mayo, Mª Auxiliadora saldrá en su tradicional paso y esta vez…¡más dorado que nunca!
Hemos puesto un valor simbólico a este alfiler: 1€ . Que cada alfiler de la Virgen llegue también a la persona que más lo necesite, esa es nuestra intención.

Esta campaña terminará el viernes 14 de Marzo.Si algunos de ustedes quisieráis alguno informadme en el correo electrónico miguelangelflorescaballero@gmail.com o en el blog: GRACIAS DE TODO CORAZÓN. CONTAMOS CONTIGO PARA HACER REALIDAD ESTE BONITO REGALO A LA MADRE DE DIOS

domingo, 17 de febrero de 2008

El sacramento de la Eucaristía


La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre, renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz.

Por otra parte, la recepción de Jesucristo sacramentado bajo las especies de pan y vino en la sagrada Comunión significa y verifica el alimento espiritual del alma. Y así, en cuanto que en ella se da la gracia invisible bajo especies visibles, guarda razón de sacramento.

Tiene razón de sacrificio en cuanto se ofrece, y de sacramento en cuanto se recibe.

La Eucaristía es el sacramento en el cual, bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

Es por eso, el más grande e importante de los sacramentos, de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

La Eucaristía fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento.

Salomón en el libro de los Proverbios: "La Sabiduría se edificó una casa con siete columnas (los siete sacramentos), preparó una mesa y envió a sus criados a decir: " Venid, comed el pan y bebed el vino que os he preparado". (Prov. 9,1).
El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios de la ley: "Desde donde sale el sol hasta el ocaso, grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece a mi nombre una oblación pura" (Mal. l,10ss).
La verdad de la presencia real, corporal y substancia de Jesús en la Eucaristía, fue profetizada por el mismo Señor antes de instituirla, durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm, al día siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. "Yo soy el pan de la vida, si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo os daré es mi carne, para la vida del mundo" (Jn.6,32-34, 51).

El signo externo del sacramento, son la materia (pan y vino) y las palabras de la consagración (forma).

Confiere la gracia, como afirma el mismo Cristo: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna".(Jn 6,54), o sea, la gracia, que es prenda de vida eterna.

Fue instituido por Jesucristo en la Ultima Cena, como consta repetidamente en la escritura: "Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y dándoselo a los discípulos, dijo: "Tomad y comed, esto ES mi cuerpo". Y tomando el cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: "Bebed de el todos, que esta ES mi sangre del Nuevo Testamento; que será derramada por muchos para remisión de los pecados". (Mt.26,26-28).

La materia para la confección de la Eucaristía es el pan de trigo y el vino de la vid. Esta es una verdad de fe definida en el Concilio de Trento.

El recibir la Eucaristía produce en el alma los siguientes efectos:

Aumento de la gracia santificante.
Producción de gracia sacramental.
Perdón de los pecados veniales.
Es prenda de vida eterna.
Sabemos que el único sacramento absolutamente indispensable para salvarse es el bautismo: si un niño recién bautizado muere, se salva, aunque no haya comulgado. Sin embargo, para un bautizado que ha llegado al uso de razón, la Eucaristía resulta también requisito indispensable, según las palabras de Jesucristo: "Si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida Eterna". ( Jn.6,53.

No sería razonable que un hombre alcanzara la salvación que es unión con Dios, sin tener en la tierra al menos el deseo de la Eucaristía, que es también unión con Dios.

La iglesia ordena en su tercer Mandamiento de La Santa Madre Iglesia, que al menos una vez al año y por Pascua de Resurrección, todo cristiano con uso de razón debe recibir la Eucaristía. También hay que comulgar cuando se está en peligro de muerte.

Esto es lo que la Iglesia nos sugiere como mínimo, ya que desea que se reciba al Señor con frecuencia, incluso diariamente.

Lo que se realiza, pues, en la Eucaristía es la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que es lo que llamamos la transubstanciación.

Bajo cada una de las especies sacramentales (pan y vino), y bajo cada una de sus partes cuando se fraccionan, está contenido Jesucristo entero, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Lo cual quiere decir que Cristo está presente hasta en una migajita de la hostia, por eso el sacerdote tiene mucho cuidado al dar la comunión de que no se caiga ningún pedacito al suelo.

A la Misa se le llama BANQUETE EUCARISTICO. ¿ Porqué se le ha dado este nombre de Banquete Eucarístico?

Jesús cuando hablaba del Reino de los Cielos lo comparaba con un banquete. Y su Ultima Cena que fuera como un banquete, como un festín, una comida entre amigos. Un banquete es una comida alegre. Se colocan los manteles mas bonitos, la mejor cristalería, luces y flores. Hay música y canciones. Los corazones están llenos de alegría. Así es la Misa.
Si hay un banquete es porque se celebra un acontecimiento importante. Por eso cada banquete es la celebración de un acontecimiento, en cada Misa se celebra el acontecimiento de nuestra salvación.
El banquete no lo hacemos solos. Nos encontramos con personas que llegan de otras partes, venidos de distintos sitios y condiciones, y allí nos sentimos unidos por nuestro común amor a Cristo y a su Iglesia. Sentimos comunión de unos para otros.
En un banquete nos alimentamos con manjares escogidos. En la Santa Misa Dios nos alimenta con el Pan bajado del cielo que es el cuerpo de Cristo, del cual dijo el mismo Jesús: "El que coma de este pan vivirá para siempre" (Jn 6).


¿ Es nuestra misa una fiesta? ¿Participamos en ella con alegría? ¿nos sentimos más hermanos en cada celebración? ¿Comemos el Pan Celestial comulgando? Sería muy triste que nos dijeran: "vengan a ver comer a los demás". Eso no sería un verdadero banquete para nosotros. Y si no comulgamos en la Misa nos quedaremos así: viendo comer a los demás mientras que nosotros seguimos desfallecidos de debilidad espiritual. Jesús dijo: "Tomad y comed" y no solamente " Tomad y mirad".

Quiere que nos alimentemos con su cuerpo en la Eucaristía. Nos preparemos lo mejor posible, pero no nos quedaremos sin comulgar.

¿ Qué responder a los que dicen: "yo no comulgo porque soy pecador?

San Francisco de Sales respondía así: Si eres débil debes comulgar para volverte fuerte. Si has pecado mucho te conviene comulgar (después de confesarte bien) para que la presencia de Jesucristo te traiga fuerzas para no seguir pecando tanto. Si te domina el mal genio, al recibir en la comunión al que es "manso y humilde de corazón", El te irá contagiando de su bondad y su buen genio. Si tienes inclinación a la impureza y al vicio, la presencia en tu alma de Cristo el Cordero Inmaculado que jamás tuvo la más mínima mancha de pecado, te irá dando fortaleza hacia todo lo que es impuro, y amor por la virtud. Si te vence el orgullo, Jesús que es humilde te irá haciendo semejante a El. No comulgas por que ya eres santo, sino porque deseas llegar a la santidad. Y sin comulgar no lo lograrías quizá jamás.

domingo, 20 de enero de 2008

Don Bosco


Juan Melchor era su verdadero nombre. Nació en 1815 en la diócesis de Turín. Era el menor de los hijos de un campesino. Su niñez fue muy dura. Su padre murió cuando Juan tenía apenas dos años y medio. La madre, Margarita, analfabeta y muy pobre, pero santa y trabajadora, que debió luchar mucho para sacar adelante a sus hijos, se hizo cargo de su educación.

A los nueve años de edad, tuvo un sueño que no olvidó nunca, le enseñó su vocación.

En aquel primer sueño, se vio rodeado de una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí; Juan Bosco trató de hacer la paz, primero con consejos y después con los puños. De pronto apareció Nuestro Señor y le dijo: "¡No, no; tienes que ganártelos con la mansedumbre y el amor!" Le indicó también que su Maestra sería la Santísima Virgen, quien al instante apareció y le dijo: "Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas". Cuando la Señora pronunció estas palabras los niños se convirtieron primero, en bestias y luego en ovejas.

El sueño terminó, pero desde aquel momento Juan Bosco comprendió que su vocación era ayudar a los niños pobres, y empezó inmediatamente a enseñar el catecismo y a llevar a la iglesia a los chicos de su pueblo.

Los muchachos de la calle lo llamaban: 'Ese es el Padre que siempre está alegre. El Padre de los cuentos bonitos'. Su sonrisa era de siempre. Nadie lo encontraba jamás de mal humor y nunca se le escuchaba una palabra dura o humillante. Hablar con él la primera vez era quedar ya de amigo suyo para toda la vida.

San José Cafasso, sacerdote de la parroquia cercana al seminario de Turín, le explicó Juan Bosco que Dios no quería que fuese a las misiones extranjeras: "Desempaca tus bártulos --le dijo--, y prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso y no otra cosa es lo que Dios quiere de ti".

Le sobrevino una pulmonía, cuyas complicaciones estuvieron a punto de costarle la vida. En cuanto se repuso, fue a vivir en unos cuartuchos miserables en compañía de su madre, y ahí se entregó, con toda el alma, a consolidar y extender su obra. Dio forma acabada a una escuela nocturna, y como el oratorio estaba lleno a reventar, abrió otros dos centros en otros barrios de Turín.

Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya treinta o cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre. Los chicos llamaban a la madre de Don Bosco "Mamá Margarita".

Se gana de tal manera el cariño de los jóvenes, que es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan amado como Don Bosco. Los jóvenes llegaban hasta pelear unos contra otros afirmando cada uno que a él lo amaba el santo más que a los demás.

Por otra parte, Don Bosco había tenido siempre la idea de fundar una congregación religiosa. En 1859, Don Bosco y sus veintidós compañeros decidieron organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó hasta quince años después. La nueva congregación creció rápidamente: en 1863 había treinta y nueve salesianos; a la muerte del fundador, eran ya 768, y en la actualidad se cuentan por millares.

El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes, entre ellas, Santa María Dominga Mazzarello, que fue la cofundadora, a las que el santo llamó Hijas de María Auxiliadora. La nueva comunidad emprendió, además de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza en Italia, Brasil, Argentina y otros países. "Hoy en día son dieciséis mil, en setenta y cinco países".

Pero sus días tocaban a su fin. Los médicos habían declarado que el santo estaba completamente agotado y que la única solución era el descanso; pero el reposo era desconocido para Don Bosco. A fines de 1887, sus fuerzas empezaron a decaer rápidamente; la muerte sobrevino el 31 de enero de 1888, cuando apenas comenzaba el día.

Su cuerpo permanece en la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Sus últimas recomendaciones fueron: "Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas de Dios. Os espero en el Paraíso".

Cuarenta mil personas desfilaron ante su cadáver en la iglesia, y sus funerales fueron una especie de marcha triunfal, porque toda la ciudad de Turín salió a la calle durante tres días a honrar a Don Bosco por última vez.

Fueron tantos los milagros conseguidos al encomendarse a Don Bosco, que el Sumo Pontífice lo canonizó cuando apenas habían pasado cuarenta y seis años de su muerte (en 1934) y lo declaró "Padre y maestro de la juventud".

Yo no sabía nada sobre este santo, pero ahora que conozco su vida y su obra, creo que todos debemos admirar a este hombre por su esfuerzo y generosidad. Además creo que debería ser un ejemplo para todos nosotros, para que no seamos a veces tan egoístas. Por último, creo que el nombre de este colegio es el mejor que podía ponérsele, porque él dedicó toda su vida a enseñar a los niños pobres.

lunes, 7 de enero de 2008

En la Jornada Misionera Mundial de la Infancia




CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 enero 2008 (ZENIT.org).- En la solemnidad de la Epifanía, Jornada Misionera Mundial de la Infancia, el Papa ha dado las gracias a los miles de niños que responden a las carencias de otros niños del mundo y ayudan a la Iglesia en la evangelización.

Visiblemente contento en esta fiesta de los Reyes Magos, el Papa rezó el Ángelus acompañado de decenas de miles de fieles presentes en la plaza de San Pedro, bajo la lluvia. Al término de la oración, elogió la iniciativa misionera mundial emprendida, hace más de 160 años, por el obispo francés Charles de Forbin Janson.

De su mano -recordó el Santo Padre-- «la Infancia de Jesús se han convertido en el icono del compromiso de los niños cristianos que ayudan a la Iglesia en su tarea de evangelización con la oración, el sacrificio y los gestos de solidaridad».

«Miles de niños salen al encuentro de las necesidades de otros niños --aplaudió--, impulsados por el amor que el Hijo de Dios, habiéndose hecho niño, trajo a la tierra».

«Doy las gracias a estos pequeños y ruego para que sean siempre misioneros del Evangelio», expresó Benedicto XVI.

Y dirigió igualmente su agradecimiento a cuantos animan a estos pequeños acompañándoles «por el camino de la generosidad, de la fraternidad, de la fe gozosa que genera esperanza».

Encargada de la animación internacional de esta labor con los niños, Sor María Teresa Crescini -superiora general de las Maestras Pías Venerini- confirma a Zenit, con ocasión de la Jornada, que los pequeños «consiguen financiar actualmente tres mil proyectos de solidaridad con su dinero, con sus pequeños sacrificios».

La Pontificia Obra de la Infancia Misionera -también conocida como Obra de la Santa Infancia--, cuyas raíces están en la iniciativa del obispo de Nancy en 1843, depende de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos.

Se orienta a formar a los chavales en el espíritu misionero, abriéndoles a las necesidades de sus coetáneos en los países de misión mediante el ofrecimiento de la oración y de la ayuda material.

«La Jornada Misionera Mundial de la Infancia fue instituida por el Papa Pío XII con Carta Apostólica del 4 diciembre 1950», si bien esta movilización «en Europa sobre todo se celebraba desde los primeros años de la fundación de la Obra de la Santa Infancia», explica Sor Maria Teresa Crescini a Zenit.

«La sensibilización de los niños tenía lugar en las parroquias, en las diócesis, partiendo del lema "los niños ayudan a los niños", esto es, los sacrificios y la oración de los niños del mundo debían llegar a salvar a muchos niños pobres, sobre todo los niños que carecen del Evangelio», subraya.

La labor se traduce actualmente en «una implicación de los niños cristianos de 110 países del mundo donde actualmente la Obra de la Santa Infancia está presente», confirma.

«Ya desde los primeros años -recuerda la religiosa-- los obispos de China escribían a los niños [de la Santa Infancia] de Europa y de los Estados Unidos cartas de agradecimiento, porque los pequeños sabían desarrollar una gran misión hacia los niños del mundo».

«Niños misioneros en todo el mundo» es el lema este año de la Jornada, cuyo marco siempre es el día de Reyes.

La Pontificia Obra de la Infancia Misionera, en la preparación de esta celebración, ha hecho hincapié en que los niños misioneros, testimoniando la alegría de la amistad con Jesús, pueden ser un signo entre sus amigos e iluminar los caminos que llevan al encuentro con el Señor, igual que los Reyes Magos fueron guiados por la estrella a Belén.

Con un itinerario formativo, la Obra de la Santa Infancia ha ayudado a los pequeños a tomar conciencia de su vocación cristiana y del sentido de responsabilidad y de solidaridad. En la celebración eucarística de este domingo están ofreciendo sus donativos.

Niños evangelizados y evangelizadores

«El último momento bello de la Santa Infancia ha sido el Congreso de Dubrovnik, en Croacia», comparte Sor Maria Teresa Crescini con Zenit, aludiendo al sexto encuentro -es bianual- celebrado el pasado noviembre para los países del Mediterráneo y del este europeo.

Estuvieron representados 19 países en un momento en que los directores de la Santa Infancia mostraron todas sus actividades.

Acudieron «España, Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Inglaterra y Malta», apunta la religiosa sin ánimo de exhaustividad; «también estaban presentes los países del este de Europa donde la Santa Infancia está convirtiéndose en algo verdaderamente vivo, bello», tales como «Polonia, Croacia, la República Checa, Rusia».

«Este año participaron igualmente Siria, Turquía, Líbano, Palestina, Egipto», «o sea, los países que tienen conflictos, países del África mediterránea, que trabajan con los niños por un proceso de paz, y esto es muy bello», reconoció.

Y es que «el encuentro de Dubrovnik nos ha permito entender que debemos insistir en la evangelización de los niños, porque --concluye-- los niños son la mediación de los valores evangélicos en un mundo que tiene necesidad de paz y de solidaridad».

Libro de visitas de www.miguelangelflorescaballero.blogspot.com

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